Pintar la pared con esponja –una técnica también conocida como Acabado Faux- es un procedimiento súper fácil y simple para renovar habitaciones y dejarlas muy coloridas de manera original. Permite jugar con los colores y las texturas, dando profundidad, relieve y movimiento, además de ocultar todo tipo de imperfecciones de la superficie. Queda muy bien en una sola pared, aunque también puede hacerse en una superficie mayor o una menor, como las puertas del placard.

Lo bueno de este recurso es que no es necesario llamar a un profesional para hacerlo. Sólo se necesita esponja, trapo y dos tipos de pinturas, el color de base y el que se usará arriba con la esponja. En cuanto a los colores, la base debe ser más suave que el que se usará con la esponja, pero es necesario asegurarse de que combinen. Después de limpiar bien la pared, se pinta con el color base y luego, poco a poco, se aplica el segundo color, sin que chorree pintura y sin presionar demasiado la esponja. ¡Y listo! Para los marcos, podés pintar con la misma esponja o a pincel con un color más saturado.

Los efectos de esta técnica sobre las paredes pueden ir desde iluminar hasta atenuar, lograr un estilo super moderno o uno vintage, según qué esponja uses, las capas que pintes, los colores que elijas y los muebles que coloques. Para los dormitorios, por ejemplo, se utiliza mucho el azul, ya que da sensación de aire, apertura y relax, como estar en el cielo. Para otros rincones, por ejemplo los tonos tierra se fusionan dando potencia y vida.

Es una técnica que me encanta y nunca tuve tiempo de hacer en mi propia casa. ¡Ni les cuento las ganas que me dieron de hacerlo ahora!

Escrito por Laura Nadersohn de Decocasa

Fuente imágenes: Hogar Total, Decoraciona,

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