Tener un rincón en el que podamos leer y relajarnos debería ser un imperativo en todos los hogares.  Para lograrlo muchas veces no es necesario contar con estructuras especiales sino que a veces sólo debemos adaptar o dar una segunda vida a aquello con lo que ya contamos.

Este rincón es capaz de transportarnos a la década de los setenta sin escalas.  Gracias a la ubicación de un sillón, un apoyapies, una mesita y unos almohadones en un pequeño rincón  de un living se logró armar un espacio de lectura.  Para sectorizarlo y separarlo del living  se utilizó un papel mural.

En este segundo rincón se aprovechó un recoveco en una pared junto a una ventana que aporta un gran caudal de luz.  La adaptación del rincón permitió la realización de un hueco en la pared que actúa como una pequeña biblioteca permitendo tener los libros al alcance de la mano.

Escrito por Andrea Korniusza de Decocasa

Imágenes vía: Tres studio y Kukunka deco